TATO BORES: EL ACTOR QUE CONVIRTIÓ EL HUMOR POLÍTICO EN UNA FORMA DE CONTAR LA ARGENTINA
Mauricio Borensztein, conocido artísticamente como Tato Bores, nació en Buenos Aires el 27 de abril de 1927. Fue actor, humorista y conductor y se convirtió en una de las figuras más importantes del humor político argentino. Aunque la televisión fue el medio que lo hizo masivamente conocido, su carrera comenzó en el teatro y pasó por distintas etapas antes de consolidar el personaje que terminaría formando parte de la cultura popular argentina: el hombre de frac, anteojos y peluca que hablaba directamente sobre la política del país.
Tato comenzó su actividad artística siendo muy joven y participó en diferentes espectáculos teatrales y cinematográficos. En una época en la que la televisión todavía estaba comenzando a desarrollarse en Argentina, el teatro era el principal espacio de trabajo para muchos actores y humoristas. Allí se formó y aprendió a manejar los tiempos de la comedia. Esa experiencia sería fundamental posteriormente, cuando sus monólogos televisivos necesitaran precisión, ritmo y capacidad para improvisar frente a situaciones políticas que podían cambiar de un día para otro.
La característica principal de Tato Bores fue haber convertido la actualidad política en material humorístico. Sus programas no se limitaban a contar chistes sobre políticos. Construían una mirada sobre el funcionamiento del poder, las crisis económicas, los cambios de gobierno, los discursos oficiales y las contradicciones de la sociedad argentina. El personaje podía aparecer rodeado de teléfonos, papeles y una enorme cantidad de información para transmitir la sensación de que estaba intentando comprender un país permanentemente complicado.
Su relación con Buenos Aires fue permanente. La ciudad aparecía en sus referencias, en los personajes y en la forma de hablar. Tato utilizaba un lenguaje reconocible para el público porteño, pero sus temas alcanzaban a todo el país. El humor político argentino tiene una tradición muy fuerte vinculada con la capital porque allí se concentran el Congreso, la Casa Rosada, los ministerios, los medios de comunicación y buena parte de la actividad política nacional. Tato aprovechó esa concentración para construir una mirada que podía ser crítica pero también popular.
A lo largo de su carrera atravesó gobiernos democráticos, dictaduras, crisis económicas y cambios políticos. Su trabajo también sufrió censuras y restricciones durante diferentes períodos. Sin embargo, logró regresar una y otra vez a la pantalla y reconstruir su personaje para adaptarlo a cada época. Esa capacidad de adaptación fue una de las claves de su permanencia. Un humorista político puede quedar rápidamente viejo si sus referencias dependen exclusivamente de una situación determinada. Tato consiguió lo contrario: convirtió determinados comportamientos de la política argentina en temas que podían repetirse con distintos protagonistas.
Su vestuario también terminó formando parte de su identidad. El frac, los anteojos, la peluca y el cigarro construyeron una figura inmediatamente reconocible. Pero detrás del personaje existía una técnica de actor muy sólida. Los monólogos requerían memoria, velocidad y capacidad para trabajar con textos cargados de referencias. La actuación teatral estaba presente incluso cuando el escenario era un estudio de televisión.
Tato Bores murió en Buenos Aires en 1996. Su obra quedó asociada a varias generaciones de argentinos y especialmente a una forma de humor político que todavía influye en programas y artistas posteriores. Su importancia no está solamente en la cantidad de años que permaneció en pantalla, sino en haber demostrado que la política podía ser discutida desde el humor sin dejar de ser una cuestión seria. Buenos Aires fue el escenario cultural donde esa tradición se desarrolló y donde Tato construyó uno de los personajes más reconocibles de la televisión argentina.
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