La evolución de la línea de costa – Cómo la ciudad le fue ganando terreno al río
La relación entre la Ciudad de Buenos Aires y el estuario del Río de la Plata es la historia de una profunda, compleja y constante transformación territorial impulsada por la ingeniería hidráulica, la expansión urbana y la necesidad de dotar a la metrópoli de infraestructura portuaria, transporte y espacios públicos. La línea de costa porteña original —aquella que contemplaron los fundadores españoles en los siglos XVI y XVII— era muy diferente a la franja costera actual: consistía en una modesta barranca de arcilla y tosca que descendía suavemente hacia una amplia playa cenagosa de aguas poco profundas, sujeta a las periódicas crecidas del río (las célebres "sudestadas") que inundaban los terrenos bajos.
A lo largo de los siglos XIX y XX, la ciudad ejecutó un titánico proceso de avance sobre el espejo de agua mediante la técnica del relleno sistemático con escombros de demoliciones urbanas, tierras extraídas de las excavaciones del Subte y sedimentos dragados del lecho del río. La primera gran modificación estructural estuvo vinculada a la construcción de la infraestructura portuaria. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, se proyectaron y construyeron el Puerto Madero —con sus emblemáticos diques de ladrillo visto importado de Inglaterra— y posteriormente el Puerto Nuevo, con sus darsenas rectangulares penetrando en el agua para permitir la llegada de los grandes trasatlánticos y buques de carga del comercio internacional.
Durante las décadas de 1930 y 1940, la conquista de la línea de costa cobró una dimensión cívica y recreativa con la construcción de la Costanera Sur y la Costanera Norte. En la Costanera Sur, bajo la dirección del paisajista Benito Carrasco, se diseñó un elegante balneario público con espigones de piedra, escalinatas de mármol que descendían al agua, pérgolas de rosales, faroles de hierro y jardines ornamentales donde miles de porteños acudían los fines de semana a nadar en el río y comer el clásico sándwich de bondiola o chorizo. Décadas más tarde, tras el abandono del uso balneario por la contaminación de las aguas, el área de rellenado abandonada al este de Puerto Madero sufrió un proceso natural de colonización vegetal que dio origen a la Reserva Ecológica Costanera Sur: más de trescientas cincuenta hectáreas de bosques de alisos, pajonales y lagunas que hoy constituyen el principal pulmón verde y santuario de biodiversidad de la ciudad.
En la zona norte, la creación de la Costanera Norte sobre terrenos rellenados permitió la construcción del Aeroparque Jorge Newbery —el aeropuerto de tráfico doméstico y regional ubicado a pocos metros del agua—, la Ciudad Universitaria de la Universidad de Buenos Aires y amplios parques públicos como el Parque de la Memoria, un espacio monumental dedicado al homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado cuya arquitectura de rampa de hormigón se adentra trágicamente sobre el estuario.
El hito contemporáneo más impactante de esta evolución costera es la Reconversión de Puerto Madero en la década de 1990 y el desarrollo del Distrito Puerto Madero. Los antiguos galpones portuarios de ladrillo rojo fueron restaurados para albergar oficinas, restaurantes de alta gama y departamentos de lujo, mientras que sobre los terrenos rellenados más orientales se erigió un bosque de rascacielos de cristal y acero de vanguardia arquitectónica. El Puente de la Mujer, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava sobre el Dique 3, se ha convertido en el nuevo ícono escultórico de esta línea de costa moderna. La historia de la costa porteña es la prueba gráfica de una ciudad que se negó a quedar confinada en la pampa, inventando su propio horizonte sobre las aguas marrones del Río de la Plata.
Registro de la Propiedad Intelectual RE-2026-61565910-APN-DNDA#MJ -
23/6/2026 (Ley 11.723)
Editor responsable: Lautaro Gravano
Domicilio legal: Naón 3850, CABA.
Teléfono: 1130755351
Correo Electrónico: radioasamblea941@gmail.com

