: Tafí del Valle y las Ruinas de Quilmes, la Brecha entre la Selva y la Historia en Tucumán

Tucumán, la provincia más pequeña en extensión territorial de la Argentina, encierra dentro de su geografía una diversidad de paisajes, pisos ecológicos y microclimas verdaderamente asombrosa. Saliendo de la extensa llanura agrícola dominada por los cañaverales azucareros y ascendiendo progresivamente por el serpenteante trazado de la Quebrada de los Sosa a través de una selva montana o yunga tupida, húmeda y siempre verde, el paisaje se abre de pronto y de manera espectacular a dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar en la inmensidad panorámica del Valle de Tafí. Esta imponente hondonada natural, flanqueada de forma majestuosa por los cordones montañosos de las Cumbres Calchaquíes y la imponente Sierra del Aconquija, ofrece a los visitantes un clima templado durante todo el año, dilatados pastizales verdes y un apacible espejo de agua central —el Dique La Angostura— cuyas aguas cristalinas reflejan con nitidez las cumbres circundantes.

 

La pintoresca localidad de Tafí del Valle es ampliamente reconocida en toda la región por su arraigada tradición ganadera y quesera, un legado histórico directo heredado de las misiones jesuíticas que se establecieron en el valle durante el siglo diecisiete. En las estancias tradicionales y puestas históricas que jalonan los alrededores del pueblo, los productores locales elaboran artesanalmente el afamado queso tafisto utilizando recetas ancestrales que han sido celosamente transmitidas de generación en generación. La arquitectura autóctona del lugar combina con elegancia antiguas casonas de campo construidas con piedra del lugar, madera y muros de adobe, integrándose de manera orgánica y armónica en un marco natural sereno donde los caballos pastan libremente a la vera de los tranquilos caminos de tierra.

 

A poca distancia de Tafí del Valle, descendiendo progresivamente hacia la aridez del valle del río Yocavil, se ingresa a uno de los tesoros patrimoniales más significativos del continente: el sitio arqueológico de las Ruinas de Quilmes, considerado uno de los asentamientos urbanos prehispánicos más extensos, avanzados y complejos de la República Argentina. Construido originariamente hacia el siglo diez por la etnia nativa de los quilmes, este poblado estratégicamente fortificado llegó a albergar a una población de más de tres mil habitantes sobre una ladera escarpada de montaña acondicionada de forma magistral con complejos sistemas de terrazas de cultivo, recintos habitacionales alzados en piedra pircada sin argamasa, corrales para camélidos y elaborados ingenios de almacenamiento para el agua de lluvia.

 

Las impresionantes Ruinas de Quilmes atestiguan de forma silenciosa la resistencia heroica y tenaz de sus pobladores originarios tanto frente a las presiones expansionistas del Imperio Incaico como, posteriormente, frente a la conquista militar y dominación colonial española, a la cual combatieron sin tregua durante más de un siglo en el marco de las sangrientas Guerras Calchaquíes. Recorrer en la actualidad este predio sagrado a través de los senderos de interpretación que trepan por la abrupta ladera del cerro permite dimensionar la sofisticada ingeniería urbana, social y agrícola desarrollada por este pueblo indígena, cuya trágica y forzada deportación a pie hasta las costas de la provincia de Buenos Aires en el año 1666 constituye, sin duda alguna, una de las páginas más conmovedoras, dramáticas y recordadas de la historia prehispánica y colonial del país.

: Tafí del Valle y las Ruinas de Quilmes, la Brecha entre la Selva y la Historia en Tucumán

Tucumán, la provincia más pequeña en extensión territorial de la Argentina, encierra dentro de su geografía una diversidad de paisajes, pisos ecológicos y microclimas verdaderamente asombrosa. Saliendo de la extensa llanura agrícola dominada por los cañaverales azucareros y ascendiendo progresivamente por el serpenteante trazado de la Quebrada de los Sosa a través de una selva montana o yunga tupida, húmeda y siempre verde, el paisaje se abre de pronto y de manera espectacular a dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar en la inmensidad panorámica del Valle de Tafí. Esta imponente hondonada natural, flanqueada de forma majestuosa por los cordones montañosos de las Cumbres Calchaquíes y la imponente Sierra del Aconquija, ofrece a los visitantes un clima templado durante todo el año, dilatados pastizales verdes y un apacible espejo de agua central —el Dique La Angostura— cuyas aguas cristalinas reflejan con nitidez las cumbres circundantes.

 

La pintoresca localidad de Tafí del Valle es ampliamente reconocida en toda la región por su arraigada tradición ganadera y quesera, un legado histórico directo heredado de las misiones jesuíticas que se establecieron en el valle durante el siglo diecisiete. En las estancias tradicionales y puestas históricas que jalonan los alrededores del pueblo, los productores locales elaboran artesanalmente el afamado queso tafisto utilizando recetas ancestrales que han sido celosamente transmitidas de generación en generación. La arquitectura autóctona del lugar combina con elegancia antiguas casonas de campo construidas con piedra del lugar, madera y muros de adobe, integrándose de manera orgánica y armónica en un marco natural sereno donde los caballos pastan libremente a la vera de los tranquilos caminos de tierra.

 

A poca distancia de Tafí del Valle, descendiendo progresivamente hacia la aridez del valle del río Yocavil, se ingresa a uno de los tesoros patrimoniales más significativos del continente: el sitio arqueológico de las Ruinas de Quilmes, considerado uno de los asentamientos urbanos prehispánicos más extensos, avanzados y complejos de la República Argentina. Construido originariamente hacia el siglo diez por la etnia nativa de los quilmes, este poblado estratégicamente fortificado llegó a albergar a una población de más de tres mil habitantes sobre una ladera escarpada de montaña acondicionada de forma magistral con complejos sistemas de terrazas de cultivo, recintos habitacionales alzados en piedra pircada sin argamasa, corrales para camélidos y elaborados ingenios de almacenamiento para el agua de lluvia.

 

Las impresionantes Ruinas de Quilmes atestiguan de forma silenciosa la resistencia heroica y tenaz de sus pobladores originarios tanto frente a las presiones expansionistas del Imperio Incaico como, posteriormente, frente a la conquista militar y dominación colonial española, a la cual combatieron sin tregua durante más de un siglo en el marco de las sangrientas Guerras Calchaquíes. Recorrer en la actualidad este predio sagrado a través de los senderos de interpretación que trepan por la abrupta ladera del cerro permite dimensionar la sofisticada ingeniería urbana, social y agrícola desarrollada por este pueblo indígena, cuya trágica y forzada deportación a pie hasta las costas de la provincia de Buenos Aires en el año 1666 constituye, sin duda alguna, una de las páginas más conmovedoras, dramáticas y recordadas de la historia prehispánica y colonial del país.