Feria de Mataderos – Muestra gráfica de la tradición gauchesca en la ciudad

En el extremo sudoeste de la capital, en el límite geográfico donde la trama urbana de hormigón y asfalto cede su lugar a la inmensidad de la pampa bonaerense, se celebra cada domingo la Feria de las Artesanías Tradicionales y Tradiciones Populares de Mataderos, conocida popularmente como la Feria de Mataderos. Creada en 1986 frente a los edificios históricos del antiguo Mercado Nacional de Hacienda en el barrio de Mataderos, esta feria no es solo un mercado al aire libre; es la manifestación gráfica y cultural más auténtica del encuentro entre el mundo rural del gaucho argentino y la cultura popular urbana de Buenos Aires.

La estética gráfica de la Feria de Mataderos está impregnada de la iconografía criolla, la artesanía en cuero, la orfebrería en plata, la madera dura y los textiles lanares teñidos con pigmentos naturales. A lo largo de la avenida Lisandro de la Torre y la avenida de los Corrales, cientos de puestos de madera con cubiertas de lona blanca exponen el trabajo meticuloso de artesanos provenientes de todas las provincias del país. Las mesas de exhibición son un muestrario de objetos tradicionales: facones y cuchillos criollos con cabos de guampa o plata labrada a mano, mates de calabaza virgen engarzados en alpaca, aperos completos para el caballo, cinchas de cuero crudo, rebenques y espuelas de hierro forjado que brillan bajo el sol matutino.

El vestuario de los participantes y concurrentes a la feria aporta una nota de enorme riqueza cromática y documental al paisaje del barrio. Es habitual ver caminar por los pasillos a verdaderos gauchos vistiendo la pilcha criolla tradicional: sombreros de copa baja y ala ancha sujetados por barbijos de cuero, boinas tejidas de lana, camisas de cuello cerrado, bombachas de campo de tonos sobrios (negro, beige o verde oliva) calzadas en botas de potro o de cuero de baqueta arrugado, y rastras de plata o rastrones ornamentados con monedas antiguas engarzadas que sujetan el faja en la cintura. Los ponchos provincianos, con sus patrones geométricos y colores representativos de cada región (el rojo y negro salteño, el marrón vicuña catamarqueño o el azul pampa), flotan sobre los hombros de los paisanos dando color al paseo.

El corazón de la Feria de Mataderos es el escenario central y la pista de tierra donde se desarrollan los espectáculos de destreza gauchesca y danza folclórica. La imagen de la corrida de sortija es el espectáculo visual más esperado: jinetes montados sobre caballos criollos equipados con aperos tradicionales galopan a máxima velocidad por una pista de tierra hacia un arco de madera, intentando enhebrar con un pequeño palillo de madera un anillo metálico de apenas un centímetro de diámetro que cuelga a más de dos metros de altura. El polvo que se levanta bajo los cascos de las tropas, el relincho de los caballos y el aplauso de la multitud crean una atmósfera de intensa emotividad criolla.

La dimensión gastronómica y sonora de la feria completa esta postal de la pampa en la ciudad. Enormes parrillas a la vista de los visitantes humean sin pausa, exhibiendo costillares enteros de novillo a la cruz, estacas de cordero patagónico, chorizos caseros y empanadas criollas cortadas a cuchillo fritas en grandes pavorosos calderos de grasa. Mientras el aroma del asado invade el aire, desde las peñas improvisadas bajo las recovas de piedra surge el sonido de la guitarra criolla, el bombo legüero y el violín, acompañando a cientos de parejas espontáneas que bailan chacareras, zambas, gatos y chamamés sobre el asfalto. La Feria de Mataderos es la demostración viva de que la tradición gauchesca no forma parte de un museo del pasado, sino que palpita con fuerza en el corazón obrero y popular de Buenos Aires.

Feria de Mataderos – Muestra gráfica de la tradición gauchesca en la ciudad

En el extremo sudoeste de la capital, en el límite geográfico donde la trama urbana de hormigón y asfalto cede su lugar a la inmensidad de la pampa bonaerense, se celebra cada domingo la Feria de las Artesanías Tradicionales y Tradiciones Populares de Mataderos, conocida popularmente como la Feria de Mataderos. Creada en 1986 frente a los edificios históricos del antiguo Mercado Nacional de Hacienda en el barrio de Mataderos, esta feria no es solo un mercado al aire libre; es la manifestación gráfica y cultural más auténtica del encuentro entre el mundo rural del gaucho argentino y la cultura popular urbana de Buenos Aires.

La estética gráfica de la Feria de Mataderos está impregnada de la iconografía criolla, la artesanía en cuero, la orfebrería en plata, la madera dura y los textiles lanares teñidos con pigmentos naturales. A lo largo de la avenida Lisandro de la Torre y la avenida de los Corrales, cientos de puestos de madera con cubiertas de lona blanca exponen el trabajo meticuloso de artesanos provenientes de todas las provincias del país. Las mesas de exhibición son un muestrario de objetos tradicionales: facones y cuchillos criollos con cabos de guampa o plata labrada a mano, mates de calabaza virgen engarzados en alpaca, aperos completos para el caballo, cinchas de cuero crudo, rebenques y espuelas de hierro forjado que brillan bajo el sol matutino.

El vestuario de los participantes y concurrentes a la feria aporta una nota de enorme riqueza cromática y documental al paisaje del barrio. Es habitual ver caminar por los pasillos a verdaderos gauchos vistiendo la pilcha criolla tradicional: sombreros de copa baja y ala ancha sujetados por barbijos de cuero, boinas tejidas de lana, camisas de cuello cerrado, bombachas de campo de tonos sobrios (negro, beige o verde oliva) calzadas en botas de potro o de cuero de baqueta arrugado, y rastras de plata o rastrones ornamentados con monedas antiguas engarzadas que sujetan el faja en la cintura. Los ponchos provincianos, con sus patrones geométricos y colores representativos de cada región (el rojo y negro salteño, el marrón vicuña catamarqueño o el azul pampa), flotan sobre los hombros de los paisanos dando color al paseo.

El corazón de la Feria de Mataderos es el escenario central y la pista de tierra donde se desarrollan los espectáculos de destreza gauchesca y danza folclórica. La imagen de la corrida de sortija es el espectáculo visual más esperado: jinetes montados sobre caballos criollos equipados con aperos tradicionales galopan a máxima velocidad por una pista de tierra hacia un arco de madera, intentando enhebrar con un pequeño palillo de madera un anillo metálico de apenas un centímetro de diámetro que cuelga a más de dos metros de altura. El polvo que se levanta bajo los cascos de las tropas, el relincho de los caballos y el aplauso de la multitud crean una atmósfera de intensa emotividad criolla.

La dimensión gastronómica y sonora de la feria completa esta postal de la pampa en la ciudad. Enormes parrillas a la vista de los visitantes humean sin pausa, exhibiendo costillares enteros de novillo a la cruz, estacas de cordero patagónico, chorizos caseros y empanadas criollas cortadas a cuchillo fritas en grandes pavorosos calderos de grasa. Mientras el aroma del asado invade el aire, desde las peñas improvisadas bajo las recovas de piedra surge el sonido de la guitarra criolla, el bombo legüero y el violín, acompañando a cientos de parejas espontáneas que bailan chacareras, zambas, gatos y chamamés sobre el asfalto. La Feria de Mataderos es la demostración viva de que la tradición gauchesca no forma parte de un museo del pasado, sino que palpita con fuerza en el corazón obrero y popular de Buenos Aires.