Estadio Obras Sanitarias: la historia del verdadero "Templo del Rock"
Ubicado sobre la arbolada Avenida del Libertador al 7300, en el barrio de Núñez, el Estadio del Club Atlético Obras Sanitarias de la Nación es, sin lugar a discusión alguna, el recinto más icónico, sagrado y representativo en toda la historia del rock nacional argentino. Inaugurado formalmente en junio de 1978 originalmente como un pabellón cubierto para la práctica del básquetbol y diversas disciplinas deportivas de la institución que agrupaba a los trabajadores de la empresa estatal de agua y saneamiento, su capacidad inicial para unas cinco mil personas, su forma de herradura compacta y su estratégica ubicación en la zona norte de la capital lo convirtieron rápidamente en la plaza perfecta para la realización de conciertos de música en vivo de mediana escala.
La consagración definitiva de Obras como la catedral indiscutida del rock local comenzó a gestarse a finales de la década de 1970 y alcanzó su época de oro durante los vertiginosos años ochenta. En tiempos oscuros marcados por la censura, la represión social y el autoritarismo de la dictadura militar, el estadio de la Avenida del Libertador se transformó en un refugio de resistencia cultural, libertad de expresión y catarsis colectiva para la juventud argentina. Bandas pioneras y fundamentales como Serú Girán —liderada por Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro— consagraron el lugar al realizar presentaciones multitudinarias e impecables desde lo técnico que demostraron al mercado que el rock cantado en español podía llenar estadios cerrados con producciones de nivel profesional. A partir de allí, la frase "llegar a Obras" o llenar "un Obras" se convirtió en el examen de graduación y en el certificado de madurez técnica y convocatoria masiva para cualquier agrupación del país.
A lo largo de las décadas de 1990 y 2000, por el escenario de Obras pasaron de forma ininterrumpida absolutamente todas las bandas y solistas fundamentales que moldearon el sonido, la lírica y la estética de la música popular argentina: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Sumo, Los Fabulosos Cadillacs, Soda Stereo, Divididos, Las Pelotas, La Renga, Los Ratones Paranoicos, Bersuit Vergarabat, Attaque 77 y Los Caimanes, entre muchísimos otros. El célebre cántico "El que no salta es un holandés" o la famosa "fiesta de Obras" se transformaron en sellos distintivos de la pasión del público local. La extrema cercanía entre las tribunas de cemento, el campo de juego y el escenario generaba una caldera acústica y emocional de una intensidad sofocante que contagiaba tanto a los músicos sobre las tablas como a los espectadores en la marea del pogo.
Asimismo, el Estadio Obras Sanitarias fue la puerta de entrada obligada y el escenario fetiche para el desembarco de las más grandes figuras e íconos del rock, el punk y el heavy metal internacional que visitaban la Argentina por primera vez. Presentaciones históricas y salvajes de artistas universales como los Ramones —quienes establecieron un idilio de devoción casi religiosa con el público argentino en esa sala—, Iron Maiden, Red Hot Chili Peppers, Sex Pistols, Megadeth, Motorhead e Iggy Pop quedaron marcadas a fuego en la historia de los espectáculos en América Latina. Decenas de grabaciones de álbumes en vivo inolvidables inmortalizaron el nombre del recinto en la discografía oficial del rock mundial. Aunque con el transcurso de los años y el crecimiento de la industria surgieron estadios de mayor capacidad y arenas modernas, el Estadio Obras conserva de manera inamovible su título nobiliario: el único y verdadero "Templo del Rock".
Estadio Obras Sanitarias: la historia del verdadero "Templo del Rock"
Ubicado sobre la arbolada Avenida del Libertador al 7300, en el barrio de Núñez, el Estadio del Club Atlético Obras Sanitarias de la Nación es, sin lugar a discusión alguna, el recinto más icónico, sagrado y representativo en toda la historia del rock nacional argentino. Inaugurado formalmente en junio de 1978 originalmente como un pabellón cubierto para la práctica del básquetbol y diversas disciplinas deportivas de la institución que agrupaba a los trabajadores de la empresa estatal de agua y saneamiento, su capacidad inicial para unas cinco mil personas, su forma de herradura compacta y su estratégica ubicación en la zona norte de la capital lo convirtieron rápidamente en la plaza perfecta para la realización de conciertos de música en vivo de mediana escala.
La consagración definitiva de Obras como la catedral indiscutida del rock local comenzó a gestarse a finales de la década de 1970 y alcanzó su época de oro durante los vertiginosos años ochenta. En tiempos oscuros marcados por la censura, la represión social y el autoritarismo de la dictadura militar, el estadio de la Avenida del Libertador se transformó en un refugio de resistencia cultural, libertad de expresión y catarsis colectiva para la juventud argentina. Bandas pioneras y fundamentales como Serú Girán —liderada por Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro— consagraron el lugar al realizar presentaciones multitudinarias e impecables desde lo técnico que demostraron al mercado que el rock cantado en español podía llenar estadios cerrados con producciones de nivel profesional. A partir de allí, la frase "llegar a Obras" o llenar "un Obras" se convirtió en el examen de graduación y en el certificado de madurez técnica y convocatoria masiva para cualquier agrupación del país.
A lo largo de las décadas de 1990 y 2000, por el escenario de Obras pasaron de forma ininterrumpida absolutamente todas las bandas y solistas fundamentales que moldearon el sonido, la lírica y la estética de la música popular argentina: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Sumo, Los Fabulosos Cadillacs, Soda Stereo, Divididos, Las Pelotas, La Renga, Los Ratones Paranoicos, Bersuit Vergarabat, Attaque 77 y Los Caimanes, entre muchísimos otros. El célebre cántico "El que no salta es un holandés" o la famosa "fiesta de Obras" se transformaron en sellos distintivos de la pasión del público local. La extrema cercanía entre las tribunas de cemento, el campo de juego y el escenario generaba una caldera acústica y emocional de una intensidad sofocante que contagiaba tanto a los músicos sobre las tablas como a los espectadores en la marea del pogo.
Asimismo, el Estadio Obras Sanitarias fue la puerta de entrada obligada y el escenario fetiche para el desembarco de las más grandes figuras e íconos del rock, el punk y el heavy metal internacional que visitaban la Argentina por primera vez. Presentaciones históricas y salvajes de artistas universales como los Ramones —quienes establecieron un idilio de devoción casi religiosa con el público argentino en esa sala—, Iron Maiden, Red Hot Chili Peppers, Sex Pistols, Megadeth, Motorhead e Iggy Pop quedaron marcadas a fuego en la historia de los espectáculos en América Latina. Decenas de grabaciones de álbumes en vivo inolvidables inmortalizaron el nombre del recinto en la discografía oficial del rock mundial. Aunque con el transcurso de los años y el crecimiento de la industria surgieron estadios de mayor capacidad y arenas modernas, el Estadio Obras conserva de manera inamovible su título nobiliario: el único y verdadero "Templo del Rock".
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