Niceto Lado B y los recintos de formato medio que sostienen la escena local

 

En el complejo y apasionante ecosistema de la música en vivo y el espectáculo de una gran metrópolis cultural como Buenos Aires, suele prestarse una atención casi exclusiva a los estadios multitudinarios, los grandes teatros del centro o las arenas de escala internacional. Sin embargo, la verdadera columna vertebral, el motor de combustión interna y la trinchera cotidiana que sostiene, nutre y renueva ininterrumpidamente a la escena artística local reside en la red de recintos de formato medio y pequeño. En este entramado fundamental, la creación de espacios como Niceto Lado B —ubicado a apenas unos metros de la sala principal de Niceto Club, sobre la calle Humboldt— representa el ejemplo perfecto de cómo estos laboratorios sonoros resultan vitales para evitar la esclerosis y el estancamiento de la cultura urbana.

Niceto Lado B nació con el propósito explícito de ofrecer un recinto de escala reducida, con capacidad para unas doscientas personas, pero equipado con los mismos estándares de rigor profesional en amplificación de sonido, acústica, tratamiento de luces y producción que caracterizan a las grandes salas. Este formato pequeño pero hiperprofesionalizado brinda el entorno perfecto para que las agrupaciones emergentes que están dando sus primeros pasos en el circuito puedan realizar sus presentaciones con un marco técnico impecable, sin tener que asumir los altísimos costos operativos ni los riesgos financieros que implica alquilar una sala de dimensiones mayores. Es el espacio donde el talento joven se foguea, afina su propuesta interpretativa y construye su primera comunidad de seguidores fieles.

Además de su función inestimable como semillero y plataforma de despegue para proyectos noveles, espacios de formato medio como Lado B y la vasta red de clubes de música, bares culturales y pequeños teatros independientes dispersos por barrios como San Telmo, Almagro, Chacarita, Villa Crespo y Colegiales, funcionan como campos de experimentación estilística e innovación constante. Es en la cercanía física de estas salas reducidas —donde no existe una distancia infranqueable entre el artista y el público— donde florecen los géneros híbridos, las propuestas de vanguardia, las jam sessions de jazz improvisado, las fiestas temáticas de nicho y los espectáculos multidisciplinarios que no encontrarían un lugar viable en la programación de los circuitos comerciales masivos.

Sin la existencia y la sostenibilidad económica de este circuito intermedio de recintos, la industria de la música perdería su capacidad de renovación generacional y sus recambios artísticos. Cada banda consagrada que hoy llena estadios de fútbol o encabeza los festivales más importantes de América Latina comenzó invariablemente tocando en un escenario de formato medio, puliendo su sonido en la penumbra de una sala para doscientas personas. Proteger, frecuentar y poner en valor espacios como Niceto Lado B y la red de pequeños recintos de la Ciudad de Buenos Aires equivale a defender el futuro de la música viva, garantizando que el circuito porteño siga siendo una fuente inagotable de frescura, diversidad y talento de proyección mundial.