Ratones Paranoicos y el sonido "stone" nacido en Villa Devoto

 

En el tranquilo, arbolado y residencial barrio de Villa Devoto, ubicado en el extremo noroeste de la Capital Federal, se gestó uno de los fenómenos más duraderos, identitarios y explosivos de la historia del rock argentino: el nacimiento de los Ratones Paranoicos y la creación del movimiento "stone" local. A mediados de la década de 1980, mientras la escena musical porteña se volcaba masivamente hacia el pop electrónico y las estéticas refinadas del new wave, cuatro jóvenes de Devoto liderados por Juan Sebastián Gutiérrez, alias "Juanse", y Pablo Memi en el bajo, decidieron ir a contramano de las modas dominantes para reivindicar la pureza, el ritmo y la suciedad del rock & roll clásico de matriz rollingstoniana.

Villa Devoto, conocido tradicionalmente por sus casas bajas, sus amplias avenidas arboladas y la serenidad de su plaza central, se transformó de manera subterránea en la usina donde Juanse y sus compañeros pasaban horas interminables ensayando en garajes y sótanos caseros. En esos recintos barriales, los Ratones Paranoicos pulieron un sonido afilado, caracterizado por guitarras Rickenbacker y Gibson ejecutadas con un riff incisivo, una sección rítmica ajustada como un reloj suizo y una actitud escénica provocadora que remitía de forma directa a la mística de Mick Jagger y Keith Richards, pero interpretada con la arrogancia y la picardía inconfundibles del pibe de barrio porteño.

El impacto de los Ratones Paranoicos en la escena porteña fue inmediato y devastador. Su álbum debut homónimo de 1986 y trabajos posteriores tan icónicos como Los chicos quieren rock (1988) y Fieras lunáticas (1991) redefinieron el mapa estético de la juventud en los barrios de la ciudad. La banda no solo popularizó un catálogo incalculable de canciones adhesivas y enérgicas como "Rock del pedazo", "Carol" o "La nave", sino que creó una tribu urbana propia: el público "stone". Jóvenes de todos los rincones de la Capital Federal y del conurbano bonaerense comenzaron a adoptar una vestimenta característica compuesta por flequillos rectos, zapatillas de lona gastadas, remeras con la lengua de los Rolling Stones y pañuelos al cuello, transformando los conciertos de los Ratones en verdaderas fiestas de pasión popular.

El circuito de presentaciones de la banda abarcó desde las místicas salas del under porteño como Cemento o el Garage de Devoto hasta la consagración masiva en estadios como Obras Sanitarias o el propio Estadio River Plate, donde tuvieron el honor de abrir los históricos conciertos de los Rolling Stones en sus visitas a la Argentina. La figura de Juanse, con su estilo vocal desinhibido, sus acrobacias sobre los parlantes y su carisma avasallante, se convirtió en un símbolo indiscutido del roquero de la capital: un personaje impredecible, noctámbulo y leal a la tradición del rock and roll más genuino.

La historia de los Ratones Paranoicos demuestra cómo un barrio residencial y apacible como Villa Devoto fue capaz de dar a luz a uno de los movimientos subculturales más potentes y representativos de Buenos Aires. El sonido "stone" inventado y pulido en sus veredas se incorporó para siempre al ADN de la música argentina, demostrando que la pasión por el ritmo, las guitarras distorsionadas y la actitud de calle es un lenguaje universal que habla con marcado acento porteño.