Las cúpulas de la Avenida de Mayo – Tipologías, estilos y ubicación
La Avenida de Mayo no es solo la primera arteria monumental de Buenos Aires; es una galería de arte a cielo abierto donde la arquitectura ecléctica de finales del siglo XIX y principios del XX desplegó sus mejores galas. Al caminar por sus veredas, la mirada suele quedar atrapada a nivel de calle por la ebullición del tránsito y los comercios, pero el verdadero tesoro de esta traza diseñada por Torcuato de Alvear reside en las alturas. Las cúpulas de la Avenida de Mayo representan el ansia de una burguesía pujante por replicar la elegancia europea, adaptándola a la luz y al clima del Río de la Plata. Cada una de estas estructuras coronarias responde a un estilo, una función y una intencionalidad estética única, sirviendo como remate visual para edificios de renta, sedes de periódicos y grandes tiendas comerciales.
Para comprender la riqueza ornamental de estas obras, es preciso analizar sus diferentes tipologías constructivas. Encontramos cúpulas de estilo neorenacentista, neobarroco, eclecticismos de matices afrancesados, estructuras abovedadas de marcado corte germánico o art nouveau, e incluso remates de inspiración oriental. La variedad de materiales utilizados abarca desde la pizarra gris importada de Europa hasta el zinc moldeado, el hierro forjado, la mayólica policromada y el vidrio emplomado. Muchas de estas cúpulas ocultan en su interior miradores privados, oficinas ejecutivas o depósitos de agua, mientras que otras fueron concebidas puramente como elementos de prestigio arquitectónico, sin otra función que la de deslumbrar a los peatones.
El recorrido gráfico por este conjunto debe iniciar en el extremo oeste, frente a la Plaza del Congreso. En la intersección con la avenida Callao destaca la imponente cúpula del Edificio de la Inmobiliaria, proyectado por el arquitecto italiano Luis Broggi. Se trata de un remate doble: dos cúpulas gemelas de influencia neoclásica italiana, recubiertas con azulejos rojizos y rematadas por elegantes linternas, que enmarcan la perspectiva de la calle. Apenas a unas cuadras, en la esquina con la calle Luis Sáenz Peña, emerge la cúpula del edificio del antiguo Hotel Majestic, obra de Federico Collivadino y Jacques Dunant, cuya volumetría de estilo art nouveau tardío exhibe mansardas empinadas y detalles escultóricos de gran delicadeza.
Avanzando hacia el microcentro, la esquina con la calle Salta nos regala una de las joyas más singulares: la cúpula del edificio La Inmobiliaria en su sector comercial, o la cúpula del edificio Barolo en las cercanías, aunque este último merece un capítulo aparte por su escala escala colosal. Cerca de la intersección con la calle Santiago del Estero se aprecian remates piramidales y semi-esféricos que alternan ornamentación floral con figuras alegóricas de la prosperidad, la industria y el comercio. Más adelante, en el cruce con la avenida 9 de Julio, las cúpulas funcionan como auténticos faros urbanos que marcan la transición entre los diferentes tramos de la avenida.
El tramo final, que desemboca en la Plaza de Mayo, alberga algunas de las creaciones más sobrias y refinadas. En la esquina con la calle Perú resplandece la cúpula del edificio del antiguo diario La Prensa, obra de los arquitectos Carlos Agote y Alberto de Gainza. Este remate neobarroco está coronado por una majestuosa estatua de bronce de más de cinco metros de altura que sostiene una antorcha y un escrito, representando la libertad de prensa. La figura se apoya sobre una cúpula de base octogonal con grandes ventanales que permiten el paso de la luz hacia el interior del edificio. Muy cerca, la cúpula de la antigua Casa Gath & Chaves aporta un toque de neoclasicismo monumental con sus líneas limpias y su estructura metálica.
El observador gráfico que analice la Avenida de Mayo descubrirá que las cúpulas no son elementos aislados, sino que forman una sinfonía visual continua. Sus siluetas recortadas contra el cielo porteño varían según la hora del día, adquiriendo tonalidades doradas al atardecer o recortándose en sombras dramáticas durante la noche. La ubicación estratégica de cada cúpula responde al trazado de las esquinas en chaflán, una exigencia de la normativa urbanística de la época para suavizar las intersecciones y generar espacios de lucimiento para los arquitectos. Hoy en día, la conservación de este patrimonio representa un desafío constante, pero su presencia sigue siendo el símbolo más rotundo de la época dorada de la arquitectura porteña.
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