La mente también juega: por qué Argentina gana antes de que empiece el partido

La Selección Argentina volvió a demostrar que el talento no alcanza para explicar su éxito. Detrás de cada remontada, de cada definición ajustada y de cada festejo hay un trabajo invisible que, según el psicólogo deportivo Raúl Barrios, resulta tan determinante como la táctica o la preparación física: el entrenamiento de la mente.
 

Profesor de la cátedra de Psicología del Deporte de la UBA, Barrios sostiene que una final del mundo no se define solamente por la técnica. "El alto rendimiento entrena para tomar buenas decisiones bajo presión. La diferencia la hacen los deportistas que, en situaciones límite, eligen correctamente", explica.

El especialista pone como ejemplo dos acciones que sintetizan ese proceso. El remate de media distancia de Enzo Fernández para romper una defensa cerrada y el centro de Lionel Messi buscando a Lautaro Martínez en el área. En ambos casos hubo una correcta lectura del juego y una ejecución precisa. "Ahí está condensado todo el trabajo sobre la toma de decisiones", resume.

Pero el aspecto psicológico va mucho más allá de una jugada puntual. Barrios destaca que las emociones atraviesan a todos los protagonistas de un Mundial: jugadores, entrenadores, periodistas, familiares e hinchas. La diferencia está en cómo se administran. "No trabajamos sobre la emoción en sí, sino sobre su gestión y sobre el comportamiento que genera. Esa energía, bien regulada, puede convertirse en una enorme ventaja competitiva".

Por eso no le sorprende ver a futbolistas multimillonarios llorando después de un gol o un triunfo. "Las emociones no reconocen escalas sociales ni económicas. Todos sentimos miedo, enojo, alegría o frustración. Lo importante es cómo rendís mientras sentís todo eso".

Uno de los rasgos que más destaca del equipo argentino es su fortaleza para reaccionar ante la adversidad. Lejos de derrumbarse cuando empieza perdiendo, la Selección mantiene la calma porque ya vivió situaciones similares. Ese fenómeno tiene un nombre dentro de la psicología deportiva: "logro de ejecución anterior". En otras palabras, la confianza nace de la experiencia.

"Si ya remontaste un 1-0 varias veces, sabés que podés volver a hacerlo. Esa información vale mucho más que cualquier discurso motivacional", afirma Barrios. Es esa memoria de éxito la que fortalece la autoeficacia del grupo y reduce la incertidumbre en los momentos críticos.

También explica por qué el equipo parece tan sólido emocionalmente. "Lo mejor antes de una final es seguir haciendo lo que venís haciendo. No es momento de inventar nada". Incluso las cábalas tienen un sentido psicológico. Lejos de considerarlas simples supersticiones, las define como "mecanismos de seguridad" o rituales que ayudan a disminuir la ansiedad y a entrar en el estado mental adecuado para competir.

La preparación también alcanza los detalles más pequeños. En una tanda de penales, por ejemplo, Barrios observa desde la postura corporal hasta la sequedad de la boca, la dirección de la mirada, el pie de apoyo o la cantidad de pasos de la carrera. Cada gesto puede revelar el nivel de confianza o de tensión del ejecutante.

En la antesala de una final, el mensaje del psicólogo es claro: reducir al máximo la incertidumbre. Conocer al rival, confiar en los recursos propios y respetar el plan de juego. "En estas instancias hay que dejarle poco margen a la subjetividad. Una sensación puede costarte un campeonato del mundo".

Para Barrios, el secreto de esta Argentina no pasa solamente por la calidad de sus futbolistas. También reside en un grupo que aprendió a convivir con la presión, a gestionar sus emociones y a tomar buenas decisiones cuando el contexto exige la máxima precisión. Porque antes de levantar una copa, primero hay que ganar el partido que se juega en la cabeza.