La historia de la informática en Argentina: De "Clementina" (la primera computadora universitaria en la UBA) a la escena tech e unicornios de Silicon Valley criollo
La historia de la computación y las tecnologías de la información en la Argentina no es un fenómeno reciente ni una simple importación de modelos extranjeros. Posee una genealogía pionera que se remonta al año 1961 con la llegada de "Clementina", la primera computadora destinada al uso científico e industrial en el ámbito universitario de América Latina, instalada en el Instituto de CÁLCULO de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, bajo la visión del matemático Manuel Sadosky. Aquella mole tecnológica Ferranti Mercury de válvulas de vacío y memoria de tambor magnético, que ocupaba varias habitaciones del Pabellón 1 de Ciudad Universitaria y reproducía una melodía popular que le dio su apodo, marcó el nacimiento de la ciencia de la computación nacional.
Clementina no fue utilizada únicamente como un objeto de estudio teórico; su capacidad de procesamiento transformó la toma de decisiones en el sector público y la investigación científica. Se ejecutaron allí los primeros modelos matemáticos para la gestión de la red de agua potable, la simulación de crecidas de ríos, el procesamiento de datos del censo nacional, cálculos para la empresa petrolera estatal YPF y modelos econométricos pioneros. Alrededor de esta máquina se formó la primera generación de programadores, analistas de sistemas y matemáticos aplicados del país, creando una escuela de pensamiento computacional caracterizada por la rigurosidad lógica, la capacidad de adaptación frente a la escasez de recursos hardware y la vocación de servicio público.
A pesar de los severos desmantelamientos institucionales provocados por las dictaduras militares y las sucesivas crisis económicas del siglo XX, ese capital humano e intelectual logró multiplicarse de forma subterránea a través de la educación pública universitaria de excelencia (destacándose las carreras de Ciencias de la Computación de la UBA y las facultades de ingeniería). Hacia finales de la década de 1990 y principios de los años 2000, esta sólida base académica colisionó de manera fecunda con la revolución global de Internet, dando origen al ecosistema emprendedor conocido como el "Silicon Valley criollo".
Buenos Aires se convirtió rápidamente en la cuna de los primeros "unicornios" tecnológicos de América Latina: empresas nacidas localmente que alcanzaron valoraciones superiores a los mil millones de dólares, como Mercado Libre, Globant, Despegar, OLX y Auth0. La clave del éxito de esta escena tech porteña residió en una combinación única de talento técnico altamente capacitado, dominio del idioma inglés, creatividad para resolver problemas en entornos de alta volatilidad macroeconómica y una ambición global desde el primer día de operaciones. Barrios como Palermo, Puerto Madero y el Distrito Tecnológico de Parque Patricios pasaron a concentrar cientos de startups, aceleradoras de proyectos, fondos de capital de riesgo y centros de desarrollo de software que exportan servicios informáticos a todos los continentes.
Hoy en día, la escena tecnológica de la ciudad trasciende el desarrollo de software tradicional para liderar campos de frontera como la inteligencia artificial, la tecnología financiera (fintech), la biotecnología computacional y el desarrollo de plataformas blockchain. Sin embargo, la línea evolutiva que conecta a los ingenieros que programaban la memoria de cinta magnética de Clementina con los desarrolladores que hoy diseñan algoritmos de aprendizaje profundo en las oficinas de los unicornios locales permanece inalterada: la convicción de que el conocimiento lógico y la innovación tecnológica son motores fundamentales para la transformación económica y social.
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