Puentes de la Ciudad – Del Puente de la Mujer al histórico Puente Alsina

La geografía urbana de la Ciudad de Buenos Aires está profundamente marcada por su condición de ciudad ribereña, flanqueada al este por la inmensidad del Río de la Plata y al sur por la cuenca sinuosa del Río Matanza-Riachuelo. Para superar estas barreras naturales y artificiales y garantizar la conectividad tanto interna como con la populosa provincia de Buenos Aires, la ciudad ha ido erigiendo a lo largo de más de un siglo una fascinante colección de puentes. Estas estructuras no son meros pasos vehiculares o peatonales; son obras cumbre de la ingeniería y la arquitectura que abarcan desde el neocolonialismo monumental del siglo XX hasta el vanguardismo hiperfuturista del siglo XXI, sirviendo como símbolos visuales de la identidad porteña.

En el extremo más contemporáneo y vanguardista de esta tipología se eleva el Puente de la Mujer, ubicado en el Dique 3 del barrio de Puerto Madero. Diseñado por el célebre arquitecto e ingeniero español Santiago Calatrava e inaugurado en el año 2001, este puente peatonal es la primera obra del arquitecto valenciano en América Latina. La estructura es un despliegue de ingeniería atirantada giratoria: un majestuoso mástil inclinado de acero blanco de treinta y cuatro metros de altura soporta, mediante una serie de cables de acero de alta resistencia, un tablero peatonal de más de ciento sesenta metros de longitud que flota sobre el agua del dique.

La silueta del Puente de la Mujer es una escultura monumental abstracta que, según las propias palabras de Calatrava, sintetiza gráficamente la imagen de una pareja bailando el tango: el mástil blanco representa la figura erguida del hombre, mientras que la curva del tablero atirantado evoca la silueta grácil de la mujer inclinada en un corte tanguero. El dinamismo visual de la obra se maximiza cuando el tramo central del puente rota noventa grados sobre un enorme pivote blanco para permitir el paso de las embarcaciones que navegan por los diques, transformando una infraestructura de paso en un espectáculo cinético sobre el agua.

En el extremo opuesto del espectro arquitectónico e histórico, marcando el límite sur de la ciudad sobre el Río Matanza-Riachuelo para conectar el barrio de Nueva Pompeya con la localidad de Valentín Alsina, se erige el histórico Puente Alsina (oficialmente nombrado Puente José Félix Uriburu). Inaugurado en 1938 y diseñado por el ingeniero José Calixto Álvarez, este puente es una rareza absoluta a nivel mundial: una estructura de transporte vehicular construida bajo un riguroso e imponente estilo neocolonial español o barroco americano.

Analizar gráficamente el Puente Alsina es admirar la fusión entre la ingeniería de hierro pesada y la mampostería monumental. Sus accesos están custodiados por imponentes portales de piedra y mampostería que recuerdan a las antiguas misiones jesuíticas o a las fortalezas coloniales, con arcos de medio punto, torres coronadas por pináculos y escudos esculpidos en relieve. El cuerpo central del puente se compone de tres tramos metálicos apoyados sobre pilares de hormigón armado, incluyendo un tramo central basculante tipo Scherzer de elevación metálica que originalmente se abría para permitir la navegación de los barcos mercantes que remontaban el Riachuelo. Su color salmón y la majestuosidad de sus torretas le otorgan una presencia mística en el paisaje industrial del sur porteño, inmortalizado en célebres tangos de la lírica popular.

La nómina de los puentes porteños se completa con otras piezas fundamentales de la ingeniería vial e industrial. El Puente Transbordador Nicolás Avellaneda en La Boca, construido en 1914, es una de las ocho estructuras transbordadoras de hierro que quedan en pie en todo el planeta, con su gigantesca armazón de vigas de reticulado gris que domina la desembocadura del río. A su lado, el Puente Nicolás Avellaneda de 1940 combina el tránsito vehicular con un tramo elevador central continuo. Hacia el oeste, el Puente Victorino de la Plaza y el Puente Bosch aseguran la conectividad ferroviaria y vial sobre el Riachuelo. Estudiar los puentes de Buenos Aires, desde la ligereza blanca del Puente de la Mujer hasta la solidez telúrica del Puente Alsina, es recorrer un catálogo gráfico donde la necesidad de cruzar las aguas se transformó en la oportunidad de erigir arte e infraestructura imperecedera.