El Paseo del Bajo – La obra de ingeniería que transformó el tránsito pesado

El Paseo del Bajo es la obra de infraestructura vial urbana más importante, compleja y transformadora ejecutada en la Ciudad de Buenos Aires en el último medio siglo. Inaugurado en mayo de 2019, este corredor vial de más de siete kilómetros de longitud resolvió un conflicto histórico de movilidad que afectaba al área central de la metrópoli desde hacía más de ocho décadas: la interferencia constante y peligrosa entre el tránsito pesado de camiones de carga y colectivos de larga distancia con el tránsito ligero de automóviles particulares y la circulación peatonal que conectaba el microcentro con el barrio de Puerto Madero.

Antes de la concreción del Paseo del Bajo, las avenidas Eduardo Madero, Leandro N. Alem, Huergo y Alicia Moreau de Justo eran un cuello de botella logístico infierno. Más de veinticinco mil vehículos pesados circulaban diariamente a paso de hombre junto a los automóviles, generando niveles insostenibles de contaminación sonora, emisión de gases tóxicos, deterioro acelerado del pavimento y un riesgo permanente de accidentes para los peatonales. Esta franja actuaba como una barrera física de concreto y chapa que aislaba a la ciudad histórica del frente ribereño de los diques.

La solución arquitectónica e ingenieril del Paseo del Bajo fue la creación de un sistema vial multinivel de alta complejidad que combina tramos en trinchera abierta (un canal subterráneo excavado a cielo abierto), túneles profundos y carriles en superficie reconfigurados. El corazón de la obra es la trinchera central exclusiva para el tránsito pesado y de larga distancia. Esta trinchera, de más de doce metros de profundidad y cuatro carriles de circulación (dos por sentido), discurre entre las avenidas Madero/Huergo y Alicia Moreau de Justo. Al circular por debajo del nivel de la calle, los camiones que se dirigen hacia el Puerto de Buenos Aires o hacia la Terminal de Retiro, y los ómnibus de larga distancia que acceden desde las autopistas Illia, 25 de Mayo o Buenos Aires-La Plata, atraviesan la ciudad a una velocidad constante de sesenta kilómetros por hora sin encontrar un solo semáforo ni interferir con el tránsito local.

Desde el punto de vista gráfico y estructural, la trinchera del Paseo del Bajo es una lección de arquitectura neobrutalista aplicada a la ingeniería vial. Sus enormes muros de contención laterales, construidos mediante miles de pilotes de hormigón armado enterrados a gran profundidad, exhiben una textura rugosa e industrial de gran potencia visual. La trinchera está cruzada en la superficie por una serie de puentes vehiculares y peatonales de líneas puras que reconectaron de forma fluida el tejido urbano de Monserrat, San Telmo y el Centro con Puerto Madero. A nivel de superficie, los carriles laterales fueron destinados exclusivamente al tránsito de automóviles particulares, taxis y líneas de colectivos urbanos, transformándose en avenidas amables con semaforización coordinada.

Un componente crucial del proyecto fue la creación de un inmenso parque lineal de más de sesenta mil metros cuadrados de espacio verde público en la superficie superior de la obra, conocido como el Parque del Bajo. Este espacio recuperó áreas que antes eran playas de estacionamiento informales o terrenos baldíos, transformándolas en plazas arboladas, ciclovías continuas, áreas de juegos infantiles, ejercitadores al aire libre y anfiteatros Peatonales. La señalética del corredor, con carteles aéreos tipo pórtico de alta visibilidad, iluminación LED completa en los tramos subterráneos y cámaras de monitoreo de alta resolución, otorga a la obra un estándar de seguridad internacional.

El Paseo del Bajo no solo redujo en más de cuarenta minutos el tiempo de travesía del tránsito pesado a través de la ciudad y mejoró drásticamente la logística del comercio exterior argentino en el puerto, sino que logró reconciliar a Buenos Aires con su ribera. Al soterrar el ruido y el volumen de los gigantes de acero, la ciudad ganó un corredor verde de calma, aire puro y amplias perspectivas visuales que integró definitivamente a Puerto Madero al pulso cotidiano del resto de la capital.