La vanguardia del Instituto Di Tella: La revolución de los años 60, el arte conceptual, Marta Minujín y la 'manzana loca' de la calle Floridat

Durante la convulsionada década de 1960, la Ciudad de Buenos Aires fue escenario de una de las revoluciones culturales y artísticas más audaces de América Latina, cuyo epicentro geográfico e institucional fue el mítico Instituto Torcuato Di Tella. Ubicado en la calle Florida al 900, este centro de experimentación artística transformó radicalmente el panorama de las artes visuales, el teatro, la música contemporánea y el diseño, convirtiendo a un pequeño perímetro del centro porteño en el foco indiscutido de la vanguardia internacional.

El área comprendida entre las calles Florida, Paraguay, Charcas (hoy Marcelo T. de Alvear) y San Martín fue bautizada popularmente como la "manzana loca". En sus bares, galerías de arte y librerías se concentraba una juventud desbordante de talento y rebeldía que desafiaba las normas del arte académico y la moral conservadora de la época. Por los pasillos del Di Tella circularon figuras fundamentales como Marta Minujín, Roberto Jacoby, León Ferrari, Oscar Bony, Edgardo Giménez, Pablo Suárez y el grupo teatral Les Luthiers, junto a compositores de la talla de Alberto Ginastera al frente del Centro de Altos Estudios Musicales (CLAEM).

El Instituto Di Tella fue el catalizador del arte conceptual, el happening, las instalaciones interactiva y el arte Pop en la Argentina. Las obras producidas en sus salas no buscaban la mera contemplación pasiva del espectador, sino su provocación, participación e interpelación directa. Hitos históricos como la instalación "La Menesunda" (1965), concebida por Marta Minujín y Rubén Santantonín, invitaron al público a transitar por un laberinto de once ambientes claustrofóbicos y sensoriales que incluían habitaciones con parejas en la cama, luces de neón, olores penetrantes y zonas con refrigeración extrema, sacudiendo la somnolencia de la sociedad porteña de la época.

Otra intervención paradigmática fue "Experiencias 68", una exposición donde los artistas llevaron la crítica política y social a extremos inéditos. Obras como la de Roberto Jacoby, que investigaba la creación de un mito mediático, o el célebre cartel de Pablo Suárez regalando su obra en la puerta del instituto tras negarse a exponer dentro, marcaron la disolución de los límites entre el arte y la vida. La creciente represión política impuesta por la dictadura militar de Juan Carlos Onganía condujo al cierre definitivo de las salas de artes visuales del Di Tella en 1969, pero el impacto de su legado ya era imborrable.

La "manzana loca" de la calle Florida y el Instituto Di Tella situaron a Buenos Aires en el mapa global de la innovación estética a la par de ciudades como Nueva York, Londres o París. Aquella explosión de creatividad de los años sesenta demostró la inmensa capacidad de la cultura porteña para asimilar las corrientes internacionales, subvertirlas con ingenio criollo y generar un lenguaje de vanguardia propio que continúa inspirando a las nuevas generaciones de artistas conceptuales y creadores contemporáneos.