Ecoparque: La transformación del antiguo zoológico en un espacio de conservación
En el límite entre Palermo y Recoleta, ocupando un predio histórico de más de dieciocho hectáreas frente a la Plaza Italia, se encuentra el Ecoparque de la Ciudad de Buenos Aires, el resultado de uno de los procesos de reconversión ética, ambiental y patrimonial más profundos y complejos emprendidos por la capital argentina en el siglo XXI. Este espacio, que durante más de un siglo funcionó como el tradicional Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, ha dejado atrás el paradigma victoriano de la exhibición de animales en cautiverio con fines de entretenimiento masivo para renacer como un centro de conservación de la biodiversidad, educación ambiental y rehabilitación de fauna silvestre nativa.
El histórico zoo fue inaugurado en 1888 bajo la gestión de su primer director, Eduardo Ladislao Holmberg, en una época donde los zoológicos metropolitanos eran símbolos del prestigio científico y del poderío imperial de las naciones. Desde el punto de vista arquitectónico, el predio conserva un patrimonio histórico deslumbrante: más de cuarenta edificios y pabellones construidos a finales del siglo XIX y principios del XX que responden a estilos historicistas y eclécticos, declarados Monumento Histórico Nacional. Cada pabellón fue diseñado rindiendo homenaje a la arquitectura vernácula del país de origen de las especies que albergaba: el Pabellón de los Elefantes es una réplica a escala del templo hindú de Taj Mahal; la Casa de las Jirafas muestra una refinada arquitectura islámica; el Pabellón de los Camellos evoca una mezquita del norte de África, y el Templo de Vesta reproduce una ruina romana para alojar a las gacelas.
El proceso de transformación iniciado en 2016 implicó el traslado progresivo de cientos de animales exóticos a santuarios y reservas naturales de todo el mundo donde pudiesen vivir en condiciones de semilibertad adecuadas a sus necesidades biológicas. Paralelamente, los recintos de hormigón y las rejas victorianas fueron desmantelados o reconvertidos. Las antiguas jaulas cerradas se transformaron en espacios didácticos o en centros de investigación para programas de reintroducción de especies amenazadas de la fauna argentina, como el cóndor andino, el yaguareté, el cardenal amarillo y diversas especies de tortugas marinas y continentales.
Hoy en día, el Ecoparque se recorre a través de senderos peatonales rodeados de una frondosa vegetación centenaria e interconectados por los históricos estanques y lagos artificiales donde habitan aves acuáticas autóctonas en libertad. Los visitantes ya no acuden a ver animales confinados detrás de barrotes, sino a interactuar con instalaciones tecnológicas e interactivas de educación ambiental, visitar el Hospital de Fauna Silvestre —un centro de vanguardia donde se rescata y cura a animales víctimas del tráfico ilegal para su posterior liberación— y observar a especies nativas sueltas como maras patagónicas, pavos reales y coipos que transitan libremente por los prados verdes.
La restauración meticulosa de las joyas arquitectónicas historicistas convive ahora con una nueva narrativa de respeto ético hacia la naturaleza. El Ecoparque ha logrado transformar un espacio cargado de melancolía victoriana en un faro de conciencia ecológica urbana, donde el patrimonio histórico y la conservación de la vida silvestre se unen para educar a las futuras generaciones de porteños.
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