El Banderín: folclore, fútbol y tangos en las paredes de Villa Crespo

 

Ubicado en la intersección de las calles Guardia Vieja y Billinghurst, en una de las zonas más tranquilas y con mayor sabor a barrio tradicional dentro de Villa Crespo, se encuentra El Banderín, uno de los bares notables más singulares, coloridos y fascinantes de la Ciudad de Buenos Aires. Fundado en el año 1923 por Don Justo Riesco bajo la denominación de "El Asturiano" y continuado con amor filial por su hijo Mario Riesco a lo largo de más de seis décadas, el bar adquirió su identidad definitiva a partir de la pasión coleccionista de este último, quien comenzó a decorar las paredes del establecimiento con banderines de tela de clubes de fútbol de todas las divisiones de la Argentina y de las más remotas ligas del planeta entero, alcanzando una colección impresionante que hoy supera las quinientas piezas históricas.

Sin embargo, reducir la importancia de El Banderín a un simple museo gastronómico de la temática deportiva sería un error profundo; el bar es, por encima de todo, un santuario laico de la cultura popular porteña donde el fútbol, el tango rioplatense, el folclore de raíz y la vida comunitaria del barrio se entrelazan de manera indisoluble. En sus mesas de madera de pino tea y frente a su mostrador de estaño pulido se han reunido durante más de un siglo los vecinos de Villa Crespo, los parroquianos históricos, los periodistas deportivos más renombrados y las figuras señeras de la canción nacional. El ambiente del lugar, iluminado por una luz cálida que resalta el colorido de sus cientos de banderines y camisetas históricas, conserva el aroma inconfundible del café recién pasado, los picadillos de fiambre de calidad y la vermutería tradicional.

El vínculo de El Banderín con la música popular argentina es profundo y genuino. Por ser Villa Crespo un barrio con una riquísima tradición tanguera e intelectual —cuna de maestros inmortales como el pianista y compositor Osvaldo Pugliese—, el bar funcionó históricamente como la parada obligada para los músicos de la zona, los orquestadores y los poetas que buscaban un refugio tranquilo para sus tertulias cotidianas. En sus mesas era habitual encontrar a músicos de tango discutiendo sobre los arreglos de una orquesta, así como a intérpretes y compositores del folclore argentino que, de paso por la capital, buscaban la calidez de un espacio que los hiciera sentir como en sus provincias de origen. En El Banderín, la música no era un adorno comercial, sino una conversación permanente entre amigos.

Declarado Sitio de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, El Banderín sigue manteniendo intacta la esencia del clásico "café de esquina" porteño. Atendido con la cordialidad y el respeto de la gastronomía de barrio, el establecimiento es un testimonio vivo de cómo la pasión popular por el fútbol y el amor incondicional por la música propia pueden coexistir en armonía perfecta dentro de cuatro paredes, ofreciendo a las nuevas generaciones un refugio de autenticidad en el corazón de Villa Crespo.