Miles de personas recorren todos los días la avenida Juan B. Justo sin imaginar que, varios metros por debajo del asfalto, continúa corriendo un curso de agua que durante siglos formó parte del paisaje natural de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata del Arroyo Maldonado, uno de los principales cursos de agua que atravesaban la Capital y cuya historia explica el origen de una de las avenidas más importantes de la ciudad.
Antes de la urbanización, el Maldonado nacía en la zona que hoy ocupa el partido de La Matanza y atravesaba el oeste de la ciudad hasta desembocar en el Río de la Plata, a la altura de Palermo. Sus aguas recorrían un cauce sinuoso rodeado de pastizales y pequeñas quintas, convirtiéndose en un límite natural entre distintos sectores de la ciudad que comenzaba a expandirse.
Con el crecimiento de Buenos Aires durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, el arroyo dejó de ser un elemento del paisaje para transformarse en un problema. Cada lluvia intensa provocaba desbordes que inundaban barrios como Villa Crespo, La Paternal, Caballito, Flores, Villa Mitre, Palermo y otros sectores atravesados por su cauce. Las crecidas afectaban viviendas, comercios y caminos, dificultando la circulación y poniendo en riesgo la salud pública.
Durante muchos años se intentó controlar las inundaciones mediante puentes, canalizaciones parciales y obras menores, pero ninguna solución resultó suficiente. Finalmente, en la década de 1920, el Gobierno de la Ciudad decidió llevar adelante una de las obras hidráulicas más ambiciosas de su historia: el entubamiento completo del Arroyo Maldonado.
Los trabajos comenzaron en 1929 y demandaron varios años. Se construyó un enorme conducto subterráneo de hormigón por el que el arroyo continúa circulando hasta la actualidad. Una vez cubierta la obra, sobre ese nuevo corredor urbano se trazó la avenida Juan B. Justo, inaugurada en la década de 1930 y bautizada en homenaje al médico, legislador y fundador del Partido Socialista argentino.
La nueva avenida no solo mejoró la conexión entre el oeste y el norte de la ciudad, sino que también impulsó el desarrollo de los barrios que atraviesa. Sin embargo, el entubamiento no eliminó por completo el riesgo de inundaciones. En ocasiones de lluvias extraordinarias, la capacidad del conducto resultaba insuficiente y el agua volvía a emerger sobre la superficie.
Por ese motivo, entre 2008 y 2012 se construyeron dos grandes túneles aliviadores bajo la avenida Juan B. Justo. Estas obras aumentaron significativamente la capacidad de evacuación del agua y redujeron de manera notable las inundaciones que durante décadas afectaron a miles de vecinos.
Hoy, el Arroyo Maldonado permanece oculto bajo tierra, invisible para quienes transitan la avenida. Sin embargo, sigue recorriendo exactamente el mismo camino que trazó la naturaleza hace cientos de años. La historia de la avenida Juan B. Justo recuerda que, debajo del asfalto porteño, todavía sobreviven los antiguos cursos de agua que moldearon el crecimiento y la identidad de Buenos Aires.
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