CÓRDOBA RECEPTÁCULO DE LA RESISTENCIA: EL ABRIGO Y LA FURIA DEL 39° ENCUENTRO PLURINACIONAL

 

La Docta amaneció distinta. Quien camina sus calles en estos días de octubre percibe que el cemento habitual de la capital cordobesa fue tomado por una marea incalculable de pasos, cantos y pañuelos que cruzan fronteras de provincias y naciones. La edición número 39 del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersex y No Binaries volvió a convertir a Córdoba en el epicentro de la política desde abajo, donde el protagonismo popular no se mide en bancas institucionales sino en la densidad de los abrazos y en la fuerza de las asambleas a cielo abierto.

Córdoba guarda una paradoja histórica que la vuelve un escenario único para este acontecimiento. Es la tierra de la Reforma Universitaria de 1918 y del Cordobazo combativo del 69, pero también el bastión donde el conservadurismo suele guarecerse y donde el ajuste nacional encuentra complicidades de gestión. Sin embargo, cuando miles de vecinas, trabajadoras precarizadas, campesinas, originarias, estudiantes y activistas territoriales despliegan sus mantas en las plazas, la geografía urbana muta por completo. El territorio deja de pertenecer al tránsito vehicular y al mercado para transformarse en un aula gigante, horizontal y profundamente combativa.

El contexto en el que se desarrolla esta edición no es neutral. Se da bajo el impacto directo de un modelo económico de saqueo y desmantelamiento de las políticas públicas de género y diversidad. En cada rincón de debate, la experiencia cotidiana de las barriadas populares emerge como el termómetro real del país. Son las compañeras que sostienen las ollas populares en los comedores comunitarios, las que hacen frente a la falta de remedios en los centros de salud, las golpeadas por la inflación y los tarifazos, y aquellas que ponen el cuerpo ante la ola de violencia machista las que le dan carnadura a las discusiones. El transfeminismo que habita las escuelas, los parques y los centros culturales de Córdoba es intrínsecamente anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal.

Desde la primera ceremonia ancestral donde las delegaciones de los pueblos originarios sahumaron el espacio pidiendo permiso a la tierra, quedó claro que la denominación de plurinacional no es un adorno semántico: es una posición política innegociable. Allí estuvieron las hermanas de las comunidades demandando la paralización del extractivismo, denunciando los despojos territoriales y las consecuencias ambientales de la megaminería y la contaminación que golpea a los sectores más vulnerables del mapa latinoamericano.

La vitalidad del Encuentro radica en su método único en el mundo: la autogestión, la horizontalidad y el rechazo a la jerarquización. En las comisiones de trabajo no hay oradores ilustres ni autoridades que impongan diagnósticos desde un estrado. Las palabras valen por la vivencia y la propuesta. Las voces de las trabajadoras de la economía popular se cruzan con las de las identidades travestis y trans que exigen la efectivización del cupo laboral y el cese de los travesticidios sociales. Se habla de la carga invisible de las tareas de cuidado, del endeudamiento familiar que asfixia a los hogares monoparentales y del avance de discursos fascistas que intentan barrer con conquistas históricas conquistadas en las calles.

Hacia las tardes, las movilizaciones convierten a las avenidas cordobesas en un torrente imparable. La marea verde y morada avanza con cantos que retumban contra las paredes de la Manzana Jesuítica y los edificios gubernamentales. La marea no marcha pidiendo concesiones; marcha demostrando poder de organización. La seguridad de las columnas, la logística de las viandas, el alojamiento masivo en escuelas públicas y la cobertura autogestiva de los medios comunitarios demuestran la capacidad instalada de una fuerza social que no depende del financiamiento corporativo ni del patrocinio estatal para erigirse como un actor político insoslayable.

En las plazas convertidas en ferias populares, el intercambio de productos, libros, fanzines y artesanías refleja la economía comunitaria que sostiene la resistencia diaria. El Encuentro demuestra que el transfeminismo popular no es una teoría académica importada, sino la red concreta que evita que miles de familias caigan en el desamparo total cuando el Estado se retira. Es el espacio donde la bronca acumulada frente a la injusticia se metaboliza colectivamente en estrategia de lucha.

Al momento de definir los rumbos futuros en la asamblea de cierre, Córdoba queda marcada. Las huellas de los pañuelos en los monumentos y la memoria de los debates en las aulas seguirán latiendo mucho después de que los micros emprendan el regreso a cada rincón del país. El 39° Encuentro Plurinacional dejó un mensaje contundente grabado en la retina de la sociedad: frente al aislamiento individualista y la crueldad programada, el movimiento popular de mujeres y disidencias responde con más organización, con más comunidad y con la certeza inquebrantable de que las calles le pertenecen a quienes no se rinden.