: Cien años de Subte – Tipologías de estaciones, murales y formaciones antiguas

La Red de Subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires, inaugurada en diciembre de 1913, no solo ostenta el orgullo histórico de ser la primera red de trenes subterráneos de toda América Latina y de todo el hemisferio sur, sino que constituye un museo subterráneo de arquitectura, arte público e ingeniería civil en constante evolución. A lo largo de más de un siglo de expansiones, las seis líneas que integran la red actual (A, B, C, D, E y H) han ido superponiendo capas estéticas, técnicas y tipológicas que permiten leer bajo tierra las diferentes épocas de la planificación urbana porteña. Caminar por sus andenes y pasillos de combinación es adentrarse en una galería sumergida donde la funcionalidad del transporte masivo dialoga con la ornamentación azulejada, el muralismo patrimonial y la memoria del material rodante.

Desde el punto de vista de las tipologías arquitectónicas de las estaciones, la red presenta tres grandes familias constructivas claramente diferenciadas. La primera tipología corresponde a las estaciones históricas de corte inglés y germano-español de principios del siglo XX, caracterizadas por el método de excavación a cielo abierto conocido como "cut and cover". Estas estaciones, presentes principalmente en la Línea A y en los tramos más antiguos de la Línea B, exhiben plantas rectangulares de techos planos o abovedados sostenidos por vigas de hierro reticulado o columnas metálicas expuestas. Sus paredes están revestidas con azulejos mayólica en tonos blancos, cremas o manteca, enmarcados por guardas cerámicas de colores vivos (verdes, amarillos, azules y terracotas) que variaban en cada estación para permitir que los pasajeros analfabetos o distraídos pudieran identificar su parada mediante la combinación cromática del guardanivel.

La segunda tipología arquitectónica irrumpió en la década de 1930 con la construcción de las líneas C, D y E a cargo de la Compañía Hispano Argentina de Obras Públicas y Finanzas (CHADOPYF). Aquí, la red abandonó las columnas centrales para adoptar la imponente nave de bóveda única de gran luz, excavada mediante túneles profundos. Esta tipología genera espacios subterráneos de un volumen imponente, donde la sensación de claustrofobia se disipa gracias a las cúpulas abovedadas que cubren tanto las vías como los andenes laterales. La CHADOPYF introdujo, además, una marca de identidad artística insustituible: los majestuosos murales de mayólica cerámica pintados a mano por renombrados artistas españoles y argentinos, como Fernando Fader, Martín Noel y Rodolfo Franco. Estos murales, integrados orgánicamente a las testeras y pasillos de las estaciones, representan paisajes regionales de España (en la Línea C) y episodios fundamentales de la historia nacional argentina (en las Líneas D y E), convirtiendo el viaje cotidiano en una travesía cultural.

La tercera tipología corresponde a las estaciones contemporáneas inauguradas a partir del siglo XXI, cuyo máximo exponente es la Línea H. Aquí, la escala monumental se combina con el diseño bioclimático, la accesibilidad universal, la iluminación LED integrada y el hormigón visto de alta resistencia. La Línea H fue declarada formalmente como el "Paseo Cultural del Tango", incorporando en cada una de sus estaciones murales, esculturas y obras de arte pop dedicadas a grandes figuras de la música ciudadana, como Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Homero Manzi y Tita Merello. Las estaciones modernas destacan por sus revestimientos sintéticos de fácil mantenimiento, sus amplios vestíbulos superiores que distribuyen los flujos de pasajeros antes de descender a los andenes y la incorporación de ascensores de transparencia vidriada.

El capítulo del material rodante histórico completa este patrimonio. Durante décadas, la red fue famosa en todo el mundo por mantener en servicio comercial activo las formaciones de madera de la Línea A, fabricadas por la empresa belga La Brugeoise et Nicaise et Delcuve. Estas formaciones, que rodaron ininterrumpidamente desde 1913 hasta 2013, poseían un encanto visual irresistible: carrocerías de madera barnizada, Tulipanes de vidrio soplado para la iluminación interior, ventanas de guillotina con marcos de roble y puertas de apertura manual que crujían con el movimiento del tren sobre los rieles. Junto a los "Brugeoise", la memoria sobre rieles de la red conserva los icónicos coches Siemens-Schuckert de la CHADOPYF y las formaciones celestes de la Línea B importadas de Japón (los coches Nagoya e Izumi). El Subte de Buenos Aires, con sus cien años de historia, sigue desplegando bajo las baldosas de la metrópoli una memoria viva donde el arte y la movilidad se abrazan en la oscuridad iluminada de sus túneles.