En la intersección estratégica de la Avenida Rivadavia y la calle Rincón, en pleno corazón del histórico barrio de Balvanera, se levanta imponente el Café de los Angelitos. Fundado originalmente en el año 1890 bajo la denominación de "Bar Bataráz" por el inmigrante italiano Bairin, este establecimiento comenzó siendo un modesto punto de reunión para los sectores populares, los payadores de la zona y los personajes de la fauna nocturna de finales del siglo XIX. La leyenda cuenta que el apodo de "los angelitos" nació de manera irónica por parte del comisario de la seccional barrial, quien se refería con sorna a los malevos, compadritos y malvivientes que frecuentaban el lugar; lejos de ofenderse, el propietario adoptó con orgullo la denominación, marcando el inicio de una historia institucional vinculada para siempre a la identidad de la ciudad.
El momento definitivo que elevó al Café de los Angelitos a la categoría de mito viviente de la cultura argentina ocurrió a partir de la década de 1910, cuando el mismísimo Carlos Gardel, junto a su primer compañero de fórmula José Razzano, adoptó el establecimiento como su centro de reuniones y oficina informal. En las mesas de madera de Rivadavia y Rincón, el "Zorzal Criollo" firmaba sus primeros contratos discográficos con la compañía Odeón, ensayaba repertorios con sus guitarristas y compartía tertulias infinitas con los intelectuales, políticos y deportistas más prominentes de la época. Años más tarde, en 1944, el genio poético de Cátulo Castillo y la sensibilidad musical de José Razzano inmortalizaron esa época dorada al componer el celebre tango "Café de los Angelitos", cuyos versos iniciales —"¡¡¡Café de los Angelitos! / ¡Bar de triunfadores!..."— quedaron grabados para siempre en la memoria afectiva del pueblo rioplatense.
Tras atravesar décadas de esplendor pero también sufrir un doloroso período de abandono y posterior derrumbe edilicio en la década de 1990, el Café de los Angelitos renació con una magnificencia arquitectónica sin precedentes a partir de su reinauguración en el año 2007. La reconstrucción respetó minuciosamente la estética neoclásica y el lujo señorial de principios del siglo XX: pisos de mármol pulido, maderas de roble finamente talladas, vitrales artesanales de vivos colores y una impresionante colección de más de 350 fotografías históricas que tapizan sus paredes, ofreciendo un recorrido visual fascinante por los grandes protagonistas de la historia del tango y la política argentina.
En la actualidad, el Café de los Angelitos funciona como un dinámico complejo cultural y gastronómico de nivel internacional. Su gran salón principal alberga cada noche un espectáculo de tango de altísima factura técnica y artística, donde orquestas en vivo, cantantes de registro impecable y compañías de baile de virtuosismo deslumbrante repasan la evolución del género desde sus raíces arrabaleras hasta las composiciones contemporáneas de Astor Piazzolla. La esquina de Rivadavia y Rincón se mantiene así como una parada obligada para quienes buscan experimentar la elegancia histórica de Balvanera y ser testigos de cómo un antiguo refugio de compadritos se transformó, gracias a la poesía y la música, en un palacio eterno de la cultura nacional.
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