Las ciudades también tienen memoria. En Buenos Aires, esa memoria se encuentra en edificios, calles, plazas y antiguas dependencias que todavía conservan las marcas de uno de los períodos más oscuros de la historia argentina. A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la capital del país continúa siendo un territorio donde el recuerdo de la última dictadura cívico-militar permanece vivo y convoca a reflexionar sobre el valor de la democracia.
Durante aquellos años, la Ciudad de Buenos Aires fue escenario del funcionamiento de numerosos centros clandestinos de detención, donde miles de personas fueron secuestradas, torturadas y, en muchos casos, permanecen desaparecidas. El más conocido fue la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, convertida hoy en un espacio dedicado a la memoria, la promoción de los derechos humanos y la preservación del testimonio de lo ocurrido para las nuevas generaciones.
Pero la ESMA no fue el único lugar. También funcionaron centros clandestinos en dependencias policiales, militares y edificios distribuidos en distintos barrios de la ciudad. Muchos de esos sitios fueron señalizados y transformados en espacios de memoria para que vecinos y visitantes conozcan lo sucedido y comprendan la magnitud del terrorismo de Estado que se desplegó en aquellos años.
Las huellas de ese pasado también aparecen en las baldosas conmemorativas colocadas en distintas veredas, que recuerdan a vecinos y vecinas desaparecidos, y en las placas instaladas en escuelas, universidades, sindicatos y lugares de trabajo. Son señales que integran la vida cotidiana y que recuerdan que detrás de cada nombre hubo una historia, una familia y un proyecto de vida interrumpido por la violencia.
Cada 24 de marzo, miles de personas vuelven a recorrer las calles de Buenos Aires para participar de las actividades por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La Plaza de Mayo, escenario de tantos momentos decisivos de la historia argentina, vuelve a convertirse en el punto de encuentro de quienes renuevan el compromiso con la defensa de los derechos humanos y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.
A medio siglo del golpe, la ciudad continúa construyendo memoria a través de museos, archivos, recorridos educativos y actividades culturales que invitan a conocer el pasado para comprender el presente. Lejos de ser una mirada anclada únicamente en la historia, esos espacios buscan promover una sociedad comprometida con la convivencia democrática y el respeto por las libertades fundamentales.
Buenos Aires cambió con el paso del tiempo, pero algunas de sus cicatrices permanecen como un recordatorio permanente de lo que nunca debería repetirse. Caminar por sus calles también es encontrarse con esa memoria colectiva que forma parte de la identidad de la ciudad y que sigue transmitiéndose de generación en generación. Porque recordar no significa quedarse en el pasado, sino fortalecer el compromiso con un futuro construido sobre la democracia, la verdad, la justicia y el respeto por los derechos humanos.
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