Los Bosques de Palermo: El Rosedal, los lagos y el Planetario
Los Bosques de Palermo, cuyo nombre oficial es Parque Tres de Febrero, representan el verdadero pulmón verde de la Ciudad de Buenos Aires, un colosal oasis urbano de más de trescientas hectáreas donde la naturaleza parquizada, el agua de los lagos artificiales y la arquitectura monumental se conjugan para ofrecer a los porteños un espacio de esparcimiento, deporte y contemplación estética de escala internacional. Inaugurado en 1875 bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento en los terrenos que pertenecieran a la antigua quinta del gobernador Juan Manuel de Rosas, el parque es el resultado de la maestría visionaria del paisajista francés Carlos Thays y sus sucesores, quienes diseñaron un paisaje romántico que emula los grandes parques europeos como el Bois de Boulogne de París o Central Park en Nueva York.
El corazón poético y botánico de este gran complejo es El Rosedal, un jardín temático diseñado en 1914 por el paisajista Benito Carrasco. Al cruzar el icónico Puente Blanco de madera estilo griego que salva las aguas del lago, el visitante se adentra en un recinto de simetría perfecta donde se cultivan más de noventa variedades distintas de rosas que suman más de dieciocho mil rosales. Los senderos de granza roja serpentean entre parterres geométricos, glorietas cubiertas de rosales trepadores, pérgolas de madera y una imponente columnata neoclásica de blanco pulcro que bordea el agua. En el centro del Rosedal, el Jardín de los Poetas alberga bustos en bronce y piedra de las figuras más eminentes de la literatura universal, como William Shakespeare, Dante Alighieri, Jorge Luis Borges y Alfonsina Storni, invitando a una lectura silenciosa rodeada por el perfume de las flores en primavera.
Los cuatro grandes lagos artificiales del parque —el Lago Victoria Ocampo, el Lago del Rosedal, el Lago Regatas y el Lago del Planetario— articulan la espacialidad del bosque y albergan un rico ecosistema acuático. Sus orillas, pobladas por sauces llorones cuyas ramas acarician la superficie del agua, son el refugio de numerosas especies de aves nativas y migratorias, como patos sirirí, garzas blancas, cormoranes y gallaretas. Los fines de semana, los lagos se llenan de color con las embarcaciones de remo y pedales que alquilan las familias, mientras que las pistas asfaltadas que rodean sus perímetros son tomadas por miles de corredores, ciclistas, patinadores y personas que ejercitan bajo la sombra de plátanos, eucaliptos, jacarandás y palmeras centenarias.
Dominando el horizonte de la avenida Sarmiento y la avenida Figueroa Alcorta se levanta la silueta futurista del Planetario Galileo Galilei, una joya de la arquitectura brutalista proyectada por el arquitecto Enrique Jan e inaugurada en 1967. Su estructura de hormigón armado con forma de platillo volante o esfera geodésica suspendida sobre tres arcos majestuosos parece haber aterrizado en medio del prado verde. En su interior, la gran sala circular provista de una cúpula semiesférica de veinte metros de diámetro proyecta reproducciones asombrosas del firmamento, las estrellas y las galaxias, permitiendo a visitantes de todas las edades emprender viajes astronómicos. Por las noches, el edificio se ilumina con un sistema de luces LED cambiantes que se reflejan en el lago circundante, creando una atmósfera de ciencia ficción. Los Bosques de Palermo son, en definitiva, el escenario donde la metrópoli se reconcilia con la naturaleza, ofreciendo un refugio democratizador donde la vida al aire libre es la verdadera protagonista.
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