¿Retroceder o avanzar?

Ya se cumplieron 20 años desde la colocación de la primera baldosa en homenaje a los compañeros detenidos-desaparecidos y asesinados por la última dictadura cívico-eclesiástico-militar. Pero, paradójicamente, hoy estamos frente a un problema que, a estas alturas, resulta casi inconcebible y profundamente doloroso para la cultura democrática de nuestra sociedad.

Después de que en 2008 la Cámara de Diputados declarara de interés las actividades llevadas a cabo por nuestro colectivo, Barrios x Memoria y Justicia, hoy nos encontramos con un tremendo retroceso institucional que afecta de manera directa la logística de la colocación de las baldosas en el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires.

Hasta ahora, y durante años, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se encargaba de realizar los “agujeros” en las veredas de nuestra urbe para poder proceder a la colocación. Esto era de gran utilidad para las asambleas barriales, ya que para hacerlo se necesitan herramientas pesadas, insumos especiales y conexión eléctrica, de las cuales los vecinos no siempre disponen en la vía pública. La metodología habitual consistía en marcar con aerosol la ubicación exacta de la baldosa y avisar al área de Espacio Público, desde donde enviaban una cuadrilla a realizar la perforación técnica correspondiente.

A partir del mes pasado y por razones absolutamente desconocidas, cuando procedimos a iniciar dicha gestión institucional, recibimos como lacónica respuesta que ya no harían esta labor. ¿Por qué? Porque no. Sin argumentos presupuestarios ni explicaciones administrativas que fundamenten semejante cambio de criterio.

La criminalización del recuerdo y el desprecio por la memoria

Quizás este repentino bloqueo tenga que ver con lo sucedido hace un par de meses, cuando el gremio ATE decidió colocar una baldosa de memoria frente al que fuera el Ministerio de Trabajo y enfrentó severas tramas burocráticas y policiales para llevarlo a cabo. El resultado de ese evento fue una denuncia formal impulsada por las autoridades del Ministerio de Capital Humano por supuesta “destrucción del patrimonio público”, u otras palabras similares que buscan criminalizar el homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado.

Entonces nos preguntamos con indignación: ¿destruimos el patrimonio público aunque contamos con una declaración explícita de interés por parte del poder legislativo? ¿La memoria colectiva ya no le interesa a las autoridades porteñas? ¿La historia reciente del país tampoco? Así como hay figuras fundamentales de nuestra patria que en la escuela nos enseñaron que eran próceres, como Mariano Moreno, que ahora en los discursos oficiales pareciera que ya no son tan próceres, o quizás son clasificados como próceres de segunda categoría, así también parece que la memoria de 30.000 compañeros y la historia reciente de nuestro país valen menos que un mosaico de vereda.

La respuesta barrial ante el desinterés institucional

Este tipo de trabas administrativas no son un hecho aislado, sino que se enmarcan en un clima de época signado por el negacionismo y el intento de borrar las marcas territoriales que recuerdan a quienes lucharon por una sociedad justa. Mover o entorpecer la colocación de una baldosa implica atentar contra una herramienta pedagógica que transforma la vereda en un aula a cielo abierto, donde los caminantes se cruzan cara a cara con el nombre, la historia y la militancia de sus propios vecinos desaparecidos.

Sin embargo, los colectivos territoriales han demostrado históricamente que el compromiso con los derechos humanos no depende de la voluntad política de un gobierno de turno ni del financiamiento estatal. La construcción de la memoria en la Argentina nació desde abajo, en las calles, y es en las calles donde mantendrá su vigencia inquebrantable frente a cualquier intento de censura o descuido gubernamental.

Pero, como siempre que llovió, paró, y la convicción popular es más fuerte que cualquier traba burocrática, seguiremos con nuestras baldosas de alguna u otra forma. Si el Estado municipal decide retirarse de sus responsabilidades, la solidaridad comunitaria ocupará ese vacío con autogestión, palas y herramientas prestadas por los propios vecinos del barrio. La creatividad colectiva no tiene límites cuando se trata de sostener la verdad y la justicia.

Barrios x Memoria y Justicia

Villa Crespo – Chacarita – Villa del Parque