Abasto: El barrio de Carlos Gardel y el imponente edificio del ex mercado

Hablar del Abasto es invocar una de las geografías más profundamente vinculadas a la mitología tanguera, a la historia del trabajo popular y a las mutaciones arquitectónicas que han marcado el perfil de Buenos Aires. Ubicado en el corazón geográfico de la ciudad, compartiendo terrenos entre los barrios oficiales de Balvanera y Almagro, el Abasto debe su nombre y su razón de ser al histórico Mercado Central de Abasto, una gigantesca infraestructura comercial que durante casi un siglo alimentó a los habitantes de la metrópoli y moldeó el pulso social y cultural de sus alrededores.

El elemento que domina de manera absoluta la fisonomía del barrio es el imponente edificio del ex Mercado de Abasto, hoy reconvertido en centro comercial. Diseñado por el célebre arquitecto húngaro Viktor Sulčič —miembro del estudio Delpini, Sulčič y Bes— y construido entre 1928 y 1934 para reemplazar a la estructura metálica original del siglo XIX, este edificio es una de las obras cumbres del estilo art decó monumentalista y un hito de la ingeniería de hormigón armado en América Latina. Su fachada principal sobre la avenida Corrientes impresiona por sus cinco gigantescas bóvedas de cañón corrido escalonadas y sus imponentes ventanales vidriados que permitían el ingreso masivo de luz natural hacia las naves interiores donde se comercializaban frutas, verduras y hortalizas. La escala colosal de sus arcos y la sobriedad ornamental de su estructura transmiten una sensación de catedral del trabajo y del progreso industrial.

En el entramado de calles que rodea a este coloso de hormigón floreció la leyenda de Carlos Gardel, "El Zorzal Criollo", la figura más máxima e inmortal de la historia del tango. Gardel llegó al barrio siendo un niño y se crio en sus fondas, conventillos y cafés. Se lo conocía cariñosamente como "El Morocho del Abasto", ya que era habitual verlo recorrer la calle Anchorena, cantar en los comederos de los guapos y trabajadores del mercado, y alternar en los bares de la zona como el famoso Café O'Rondeman.

Hoy, la memoria del cantante impregna cada rincón del barrio. En la calle Jean Jaurès 735 se conserva intacta la casa que Gardel compró en 1927 para su madre, Berta Gardés, hoy convertida en la Casa Museo Carlos Gardel. Al ingresar a esta vivienda chorizo cuidadosamente restaurada, el visitante puede recorrer las habitaciones de techo alto, admirar sus guitarras, sus trajes, sus discos de pasta originales, sus cartas personales y los muebles de época que atestiguan la vida cotidiana del mito. En la misma calle y en el pasaje Carlos Gardel, las fachadas de las casas lucen coloridos murales realizados por destacados fileteadores porteños, que plasman con trazos firuleteados, flores y cintas argentinas el rostro sonriente de Gardel, letras de sus tangos emblemáticos e imágenes del antiguo mercado.

Tras el cierre del mercado en 1984 y su posterior abandono, el barrio atravesó un período de declive, pero la posterior inauguración del centro comercial en 1998 inyectó una nueva energía urbana a la zona. Hoy, el Abasto es un caleidoscopio cultural deslumbrante donde coexisten la nostalgia del tango con una vibrante escena de teatro independiente —con espacios emblemáticos como la Ciudad Cultural Konex instalada en un antiguo depósito de aceites—, una activa presencia de la colectividad peruana que ha aportado sus aromas y sabores a los restaurantes del sector, y la inmutable presencia del tango que se respira en esquinas históricas como Corrientes y Anchorena. El Abasto sigue siendo ese escenario único donde la monumentalidad del cemento industrial se funde con la poesía de la voz de Gardel flotando en el aire.