Alejandro Dolina nació en Morse, provincia de Buenos Aires, en 1944, pero su carrera cultural quedó fuertemente vinculada con la Ciudad de Buenos Aires. Escritor, músico, conductor de radio y actor, desarrolló una obra que mezcló humor, literatura, música y observación de la vida urbana. Su programa radial “La venganza será terrible” se convirtió en uno de los espacios más reconocibles de la radio argentina y tuvo durante años una relación directa con el público porteño.
Dolina comenzó a trabajar en medios gráficos y posteriormente pasó por la radio y la televisión. Su estilo se caracterizó por combinar referencias literarias con situaciones cotidianas. Podía hablar de un filósofo, una película, una relación amorosa o una discusión entre vecinos y llevar todos esos temas hacia una conversación humorística. La cultura popular y la cultura académica aparecían mezcladas sin que una tuviera que imponerse sobre la otra.
Buenos Aires fue una fuente constante de material para su trabajo. La ciudad aparecía en sus personajes, en sus historias y en la manera de hablar. Los cafés, los barrios, los viajes en colectivo, las discusiones familiares y las relaciones personales podían convertirse en material para una reflexión. Dolina no necesitaba inventar mundos completamente alejados de la realidad. Le alcanzaba con observar las situaciones que ocurrían en una ciudad grande y exagerarlas hasta convertirlas en relatos.
Uno de los aspectos más importantes de su trayectoria fue la relación con la radio. Durante décadas, la radio fue uno de los principales espacios de encuentro cultural de Buenos Aires. Los programas nocturnos tenían un público particular: personas que trabajaban de noche, estudiantes, taxistas, trabajadores, vecinos que permanecían despiertos y oyentes que buscaban una conversación diferente. Dolina construyó una relación muy fuerte con ese público.
“La venganza será terrible” se destacó porque no siguió el formato tradicional de un programa de humor. Había música, conversación, relatos, referencias históricas y participación del público. Los oyentes podían sentirse parte de una reunión en la que los conductores discutían temas aparentemente absurdos. Esa sensación de cercanía fue una de las claves de su permanencia.
Dolina también desarrolló una importante actividad literaria. Publicó “Crónicas del Ángel Gris”, una obra que reúne historias relacionadas con personajes y situaciones de un Buenos Aires imaginario. Allí aparece una ciudad reconocible pero al mismo tiempo modificada por la fantasía. Los barrios, los cafés y los personajes funcionan como elementos de una mitología propia.
Su relación con Buenos Aires es particularmente interesante porque no consiste solamente en haber trabajado en la ciudad. Dolina contribuyó a construir una determinada imagen literaria y radial de ella. Sus historias recuperaron espacios cotidianos y los transformaron en lugares de ficción. La ciudad dejó de ser simplemente un escenario para convertirse en parte del relato.
Su trayectoria también muestra la importancia que tuvo la radio porteña para la cultura argentina. En una época dominada por la televisión y posteriormente por internet, Dolina consiguió mantener durante décadas una audiencia fiel utilizando fundamentalmente la palabra. Su caso demuestra que la conversación, el humor y la literatura todavía pueden sostener un programa masivo cuando existe una voz reconocible.
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